Intensidad de las TIC en el clima de negocios

La competitividad se basa en el desempeño y vínculo de diversos niveles, por ende aunque el parque empresarial apropiara las TIC, generara soluciones de punta a nivel mundial, generara pleno empleo y proveyera al Estado de tributación para equilibrar la balanza de pagos, la competitividad seguiría siendo un reto.

El Estado por medio del Gobierno y de la Administración Pública tiene el reto de tomar un rol activo dentro de los esfuerzos para apropiar las TIC para la competitividad.  Algunos de los esfuerzos más relevantes en este sentido son: 1) gobierno electrónico, 2) interoperabilidad, y, 3) educación digital.

Al incorporar herramientas tecnológicas a los procesos, trámites, servicios y gestiones gubernamentales, se generan efectos positivos que propician el clima de negocios moderno y eficiente para la competitividad.  Uno de ellos tiene que ver con la transparencia y agilidad de los servicios y trámites gubernamentales necesarios para establecer negocios, y continuar con la gestión empresa-gobierno a lo largo de la vida de las empresas, atracción de inversiones, que indudablemente, es parte del marco de la competitividad.

Por el otro lado, la educación digital al interno de la administración pública es la base para la interoperabilidad y la cultura científica.  Al incorporar estrategias de educación en TIC se genera un efecto multiplicador que hace del conocimiento un factor progresivo y creciente a lo largo de toda la administración pública; con ello, no solo se mejora la calidad de la administración pública, sino también se asegura la mejora constante basada en el uso de las TIC y en el conocimiento.  Estos aspectos hacen que la administración pública se acople a las condiciones del mercado local e internacional, proveyendo una señal de colaboración, transparencia y facilidad de negocios.

Cuando los gobiernos invierten en TIC la sociedad se ve motivada a pasar de la fase de acceso a la de uso y apropiación, ya que los beneficios en la reducción de costos y tiempo son altos y valiosos para la sociedad.  Acciones como esta son las que orientan la gestión hacia resultados valiosos para el desarrollo. Una medida de clasificación del desarrollo del gobierno electrónico es el Índice de Desarrollo de Gobierno Electrónico de las Naciones Unidas, que para El Salvador registró en el 2012, una calificación de 0.5513 (siendo la mayor calificación 1, por Corea del Sur)

A lo largo de los años, en especial después de la guerra civil, diversos esfuerzos por motivar la administración electrónica han estado presentes en los planes de gobierno, de ellos se desprenden iniciativas que han sido favorables para mejorar la competitividad del país, entre ellas, la declaración y pago de impuestos en línea, la formalización de negocios en línea, el acceso a créditos para vivienda por medios móviles, la estandarización de sitios web de las instituciones de gobierno, los portales de transparencia en línea, las ventanillas únicas virtuales de exportaciones e importaciones, entre otros.

Esta entrada es un extracto del Paper “Las TIC en el Sendero de la Competitividad: Caso El Salvador” elaborado para el Diálogo Regional de la Sociedad de la Información en el marco del IV Taller de Jóvenes Investigadores en Políticas Públicas en Telecomunicaciones.  Oaxaca, MX, 2013.  El Paper completo es mi autoría y estará colgado en breve en este sitio.

Revisando apuntes sobre innovación.

 

No es tema de discusión el impacto de la innovación dentro del desarrollo económico y social de los países.  De acuerdo a Schumpter (1934) el empresariado y la innovación son las fuerzas determinantes del desarrollo económico, esto en función de entender a la innovación como una “destrucción creadora” cuya naturaleza implica que aunque el conocimiento crece, obligatoriamente una parte quedará obsoleta. Es decir, el conocimiento y la innovación son sistémicos.

 

Sábato (1975) indica que la innovación designa la incorporación del conocimiento –propio o ajeno- con el objeto de generar o modificar un proceso productivo.  Es decir, se reconoce que la innovación va más allá de centrarse meramente en un producto o servicios, sino más bien implica una vista panorámica hacia los sistemas de organización, las finanzas, el proceso de comercialización, y el entorno en general (es decir, los actores que influyen en el dinamismo económico).

 

Retomando a Ducker (1988), la prueba de una innovación es su éxito en el mercado; sin importar lo mucho que un empresario o un gobierno defina estrategias internas, horizontales o externas para promover la competitividad, esto solo dará existo en la medida en que el resto de actores ocupe un rol con una visión similar y de valor para cada uno de ellos.

 

En otras palabras, aunque el concepto de innovación ha estado ligado casi totalmente a poner como actor central a las empresas, ya que son las que introducen productos o servicios al mercado, el contexto actual exige poner sobre la mesa la innovación necesaria en el sector público (gobierno) y académico (investigación, desarrollo y ciencia) para que acompañen o generen el entorno preciso para el desempeño empresarial.  Con ello, el enfoque de competitividad sistémica tiene redundancia dentro del quehacer de la innovación.

 

Dado que las empresas no son un sector aislado en su interrelación con otros agentes cooperando en materia de investigación y desarrollo, la nueva economía determina como Sistema Nacional de Innovación a este conjunto de actores que dentro de sus facultades y áreas de trabajo determinan puntualmente la aplicación de conocimiento hacia la innovación, y es ahí precisamente donde se establecen nuevas formas de innovar.

 

 

Manual de Oslo. OCDE y Eurostat (2005)

Nueva economía

Innovaciones de producto

Innovaciones de proceso
Innovaciones de mercadotécnia
Innovación de organización
 

Innovación gubernamental

Innovación en investigación

Innovación de participación ciudadana

Innovación social

 

 

 

De lo anterior, la innovación social recalca la importancia de estimar a la innovación más allá de las paredes empresariales y elevarla a un nivel de impacto social y –por qué no- económico y de gestión pública.  Phills, Deiglmeier y Miller (2008) redefinen el concepto de Innovación Social como “una nueva solución a un problema social que es más eficaz, eficiente y sostenible.  O simplemente que las soluciones existentes y para las que se acumula el valor creado, vayan principalmente a la sociedad en su conjunto y no a los particulares”.

 

Así, Herrera (2011) establece que estas nuevas perspectivas de analizar la innovación ya no solo como un proceso meramente productivo ligado a la empresa, abren espacio para la reflexión y el replanteamiento futuro de cómo se debe tratar esta temática, y de cuáles son las características que permiten entender la dinámica innovadora de la sociedad en su conjunto.